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Tema 16Ámbitos especializados6 491 palabras · unos 32 min de lectura

Marketing de servicios

Los servicios constituyen la porción mayoritaria del producto interno de las economías desarrolladas, pero durante décadas el marketing los trató como un caso particular del marketing de bienes. El marketing de servicios surgió precisamente de la constatación de que las características distintivas de los servicios, su intangibilidad, su producción y consumo simultáneos, su variabilidad y su carácter perecedero, exigen un aparato conceptual propio. Este tema desarrolla ese aparato: las características que fundan la disciplina, la mezcla ampliada de las 7P, los modelos de calidad y de diseño del servicio, la gestión del encuentro y del personal de contacto, y la aplicación sectorial de estos principios. El hilo conductor es que, en los servicios, el proceso es el producto y el empleado es, en buena medida, el marketing.


16.1 Naturaleza y características de los servicios

La definición clásica concibe el servicio como un desempeño o acto esencialmente intangible que una parte ofrece a otra y que no resulta en la propiedad de nada. La literatura fundacional, en particular Zeithaml, Parasuraman y Berry (1985), sistematizó cuatro características que distinguen a los servicios de los bienes y que se resumen en el acrónimo IHIP: intangibilidad, heterogeneidad, inseparabilidad y caducidad. Estas características no son meramente descriptivas, pues cada una genera un problema de gestión específico y prescribe una respuesta de marketing. Conviene advertir desde el inicio que esta caracterización ha sido objeto de crítica reciente, que se aborda en la sección de actualizaciones recientes, pues muchos servicios contemporáneos no exhiben todas estas propiedades.

16.1.1 Intangibilidad

La intangibilidad es la característica primordial: los servicios no pueden verse, tocarse, probarse ni almacenarse antes de su compra, porque son desempeños y no objetos. De ella derivan dos problemas. Para el cliente, la dificultad de evaluar la calidad antes de la compra eleva el riesgo percibido y desplaza el peso de la decisión hacia atributos de experiencia y de credibilidad, esto es, aquellos que solo se conocen durante o después del consumo, o que incluso entonces resultan difíciles de juzgar. Para la empresa, la intangibilidad implica la imposibilidad de patentar el servicio, exhibirlo o comunicar fácilmente sus beneficios.

La respuesta de marketing consiste en «tangibilizar lo intangible»: aportar evidencias físicas, señales de calidad, garantías y reputación que reduzcan la incertidumbre del cliente. La gestión de esta evidencia tangible no es un adorno sino una función central del marketing de servicios, pues las pistas materiales que el cliente percibe se convierten en su principal base para inferir una calidad que no puede comprobar de antemano.

16.1.2 Inseparabilidad de producción y consumo

A diferencia de los bienes, que se producen, almacenan, venden y luego consumen en una secuencia separable, muchos servicios se producen y consumen de forma simultánea y en presencia del cliente. La inseparabilidad tiene tres consecuencias. Primera, el proveedor, a menudo una persona, forma parte del servicio mismo, de modo que la interacción entre proveedor y cliente es un determinante directo de la calidad. Segunda, el cliente participa en la coproducción del servicio, y su comportamiento afecta el resultado. Tercera, otros clientes presentes durante el encuentro influyen en la experiencia, lo que convierte la gestión de la copresencia en un problema de marketing.

La inseparabilidad limita además la escalabilidad, pues la producción no puede centralizarse libremente. Esta restricción explica por qué muchas empresas de servicios afrontan una tensión permanente entre crecer y preservar la calidad de la interacción, tensión que la tecnología de autoservicio ha venido a reconfigurar, aunque no a disolver del todo.

16.1.3 Variabilidad

La variabilidad alude a que la calidad del servicio depende de quién lo presta, cuándo, dónde y a quién, de modo que dos prestaciones del mismo servicio rara vez son idénticas. El factor humano y la dependencia del contexto introducen una dispersión en la calidad que los procesos de bienes, estandarizados y mecanizados, no padecen en el mismo grado. La respuesta de gestión oscila entre dos estrategias: la industrialización del servicio mediante procesos, guiones y tecnología que reduzcan la variabilidad, y la personalización deliberada que la asume como fuente de valor.

La elección entre ambas estrategias define buena parte del posicionamiento de una empresa de servicios. Una cadena de comida rápida industrializa para garantizar uniformidad; un restaurante de alta cocina personaliza para justificar un precio primado. Ninguna opción es superior en abstracto: cada una responde a una promesa de valor distinta y exige sistemas operativos coherentes con esa promesa.

16.1.4 Caducidad

La caducidad, o carácter perecedero, significa que los servicios no pueden almacenarse para su uso o venta posterior: la habitación de hotel no vendida esta noche, el asiento de avión vacío en este vuelo o la hora del consultor no facturada son ingresos irrecuperablemente perdidos. El problema crítico que genera es el desajuste entre una oferta de capacidad relativamente fija y una demanda fluctuante.

Su gestión es el dominio de la gestión de rendimiento (yield o revenue management): manipular la demanda mediante precios diferenciados por momento, reservas y promociones en periodos de baja actividad, y manipular la oferta mediante personal flexible, capacidad compartida y participación del cliente. La caducidad explica por qué el pricing dinámico nació y maduró en industrias de servicios, donde el coste de oportunidad de la capacidad ociosa es inmediato y absoluto.

16.1.5 Heterogeneidad

La heterogeneidad es, en rigor, otro nombre para la variabilidad: ambos términos designan la falta de uniformidad de los servicios. La literatura los emplea con frecuencia como sinónimos, aunque algunos autores reservan «heterogeneidad» para la diversidad inherente entre prestaciones y «variabilidad» para la dispersión en la calidad percibida. La consecuencia de marketing es la misma y resulta central: la dificultad de garantizar una calidad consistente convierte la estandarización del estándar de calidad, no necesariamente del servicio mismo, en el desafío operativo definitorio, y hace de la fiabilidad la dimensión más valorada de la calidad del servicio, según se desarrolla en el apartado 16.4. La gestión de la heterogeneidad, en última instancia, consiste en acotar la dispersión dentro de un rango que el cliente perciba como confiable, más que en eliminar toda variación.


16.2 Triángulo del marketing de servicios

El triángulo del marketing de servicios, formalizado en la literatura del área y difundido por el manual de Zeithaml, Bitner y Gremler (2018), representa los tres conjuntos de actores, empresa, empleados y clientes, y los tres tipos de marketing que los vinculan. Su tesis es que, en los servicios, el marketing no es solo asunto del departamento de marketing: la promesa se formula en un vértice, se habilita en otro y se cumple en un tercero, y los tres deben alinearse para que la calidad prometida coincida con la entregada.

16.2.1 Marketing externo

El marketing externo es el que la empresa dirige al cliente: la comunicación, la publicidad, el precio y las demás acciones por las que la organización formula promesas sobre lo que el cliente puede esperar. En los servicios este marketing es particularmente delicado, porque ante la intangibilidad la empresa puede sentirse tentada de prometer en exceso, y una promesa que el encuentro de servicio no cumple produce una brecha de calidad, según el modelo que se expone en el apartado 16.4. El marketing externo, por tanto, debe calibrar sus promesas a lo que la organización puede entregar de forma efectiva, pues sobreprometer es una de las causas más frecuentes de insatisfacción en los servicios.

16.2.2 Marketing interno

El marketing interno es el que la empresa dirige a sus propios empleados, y su función es habilitar las promesas: dotar al personal de contacto de las capacidades, herramientas, motivación y autoridad necesarias para cumplir lo prometido al cliente. La lógica subyacente sostiene que un empleado que no ha sido «vendido» internamente el valor del servicio, que carece de formación o que está desmotivado, no podrá entregar la promesa externa. El marketing interno se desarrolla con detalle en el apartado 16.7, donde se vincula con la cadena que conecta la satisfacción del empleado con la del cliente.

16.2.3 Marketing interactivo

El marketing interactivo es el que ocurre en el encuentro mismo entre empleado y cliente, el momento en que la promesa se cumple o se incumple. Grönroos (1984) lo situó en el centro de su modelo al distinguir la calidad técnica, qué recibe el cliente, de la calidad funcional, cómo lo recibe, y al señalar que en los servicios el cómo, la interacción, pesa tanto o más que el qué. El marketing interactivo es la razón por la cual, en los servicios, cada empleado de contacto actúa como comercializador en tiempo real, y por la cual la gestión del encuentro, tratada en el apartado 16.6, constituye una función de marketing y no solo de operaciones.


16.3 Las 7Ps del marketing de servicios

La mezcla de marketing tradicional de las 4P, formulada para bienes, resulta insuficiente para los servicios. Booms y Bitner (1981) propusieron ampliarla con tres elementos adicionales que capturan las particularidades del servicio, lo que dio lugar a la mezcla ampliada de las 7P, hoy estándar en la disciplina.

16.3.1 Las 4Ps tradicionales

Las cuatro variables clásicas, producto, precio, plaza o distribución, y promoción, conservan vigencia en los servicios pero se reinterpretan. El producto es un desempeño antes que un objeto, definido por su paquete de beneficios y su nivel de calidad. El precio debe gestionar la caducidad mediante diferenciación temporal y soporta un peso señalizador especial, pues ante la intangibilidad el cliente usa el precio como indicador de calidad. La plaza se ocupa menos de la logística física que de la ubicación, la accesibilidad y los canales de prestación, incluidos los digitales y de autoservicio. La promoción afronta el reto de comunicar lo intangible y de gestionar las expectativas que crea, expectativas que después condicionarán la calidad percibida.

16.3.2 Personas (people)

Las personas comprenden a todos los actores humanos que intervienen en la prestación y que influyen en las percepciones del cliente: el personal de contacto de la empresa, el propio cliente y los demás clientes presentes. Esta P materializa en la mezcla la consecuencia de la inseparabilidad: dado que los empleados son parte del servicio y que su desempeño es visible para el cliente, la selección, la formación, la motivación y la retención del personal devienen decisiones de marketing y no solo de recursos humanos. La gestión de las personas conecta directamente con el marketing interno, desarrollado en el apartado 16.7.

16.3.3 Procesos (process)

Los procesos son los procedimientos, mecanismos y flujos de actividad mediante los cuales el servicio se produce y se entrega. En los servicios, el proceso es, en gran medida, el producto que el cliente experimenta: la secuencia de pasos, los tiempos de espera, la fluidez de las transiciones y los puntos de fallo configuran la calidad percibida. Esta P incorpora a la mezcla la dimensión operativa del servicio y justifica las herramientas de diseño de procesos, como el plano o blueprint que se examina en el apartado 16.5.

16.3.4 Evidencia física (physical evidence)

La evidencia física es el entorno tangible en el que se presta el servicio y todo elemento material que facilita su desempeño o comunicación: las instalaciones, el mobiliario, la señalización, los uniformes, los documentos y la marca. Su función es responder al problema de la intangibilidad al aportar señales tangibles que el cliente usa para inferir la calidad y formarse expectativas. La gestión sistemática de la evidencia física se conceptualiza en el constructo del servicescape, tratado en el apartado 16.5.4, que ofrece el marco teórico para diseñar el entorno con intención.


16.4 Calidad del servicio

La calidad del servicio es el constructo más estudiado de la disciplina y el que articula gran parte de su andamiaje conceptual. Su definición dominante, derivada del paradigma de la disconfirmación de expectativas, sostiene que la calidad del servicio es la discrepancia entre las expectativas del cliente y su percepción del servicio efectivamente recibido.

16.4.1 Modelo SERVQUAL (Parasuraman, Zeithaml, Berry)

SERVQUAL es el instrumento de medición de la calidad del servicio desarrollado por Parasuraman, Zeithaml y Berry en una secuencia de trabajos seminales. Su modelo conceptual apareció en 1985, en el artículo «A conceptual model of service quality and its implications for future research», publicado en el Journal of Marketing, y la escala operativa en 1988, en «SERVQUAL: A multiple-item scale for measuring consumer perceptions of service quality», publicado en el Journal of Retailing. El instrumento mide la calidad mediante una batería de ítems pareados que capturan, por un lado, las expectativas del cliente sobre el servicio y, por otro, sus percepciones del desempeño recibido; la calidad se computa como la diferencia entre ambos. La versión de 1985 identificó diez dimensiones de calidad que la depuración psicométrica posterior condensó en cinco.

SERVQUAL fue un avance decisivo por ofrecer una medida estructurada y comparable, pero recibió críticas sustanciales: la validez del enfoque de diferencias, expectativas menos percepciones, la estabilidad de las dimensiones entre sectores y la conveniencia de medir solo el desempeño, como propuso la escala alternativa SERVPERF de Cronin y Taylor (1992). A pesar de estas objeciones, sigue siendo el marco de referencia para conceptualizar y medir la calidad del servicio, y la mayoría de las escalas posteriores dialogan con él, sea para refinarlo o para impugnarlo.

16.4.2 Cinco dimensiones (tangibilidad, fiabilidad, capacidad de respuesta, seguridad, empatía)

Las cinco dimensiones de SERVQUAL, recordadas por el acrónimo RATER, son la fiabilidad (la capacidad de prestar el servicio prometido de forma exacta y digna de confianza), la capacidad de respuesta (la disposición a ayudar al cliente y prestar un servicio ágil), la seguridad (el conocimiento y la cortesía del personal y su capacidad de inspirar confianza), la empatía (la atención individualizada al cliente) y la tangibilidad (la apariencia de las instalaciones físicas, el equipo, el personal y los materiales de comunicación).

La investigación empírica de los autores halló de forma consistente que la fiabilidad es la dimensión que los clientes valoran como más importante: cumplir lo prometido pesa más que cualquier ornamento del servicio, hallazgo coherente con el problema de la variabilidad descrito en el apartado 16.1. Esta jerarquía tiene una implicación gerencial precisa, pues sugiere que invertir en la consistencia del cumplimiento rinde más que invertir en aspectos vistosos pero secundarios de la experiencia.

16.4.3 Gap model (los 5 vacíos)

El modelo de las brechas, o gap model, núcleo del trabajo de 1985, explica el origen de la deficiencia de calidad al descomponerla en cinco vacíos. La brecha 5, la brecha del cliente, es la diferencia entre el servicio esperado y el percibido, y es la que el cliente experimenta como calidad o como su ausencia. Las cuatro restantes son brechas internas del proveedor que causan la brecha 5: la brecha 1, no saber lo que el cliente espera, por deficiencias en la investigación de mercados o en la comunicación ascendente; la brecha 2, no traducir correctamente las expectativas en especificaciones y estándares de servicio; la brecha 3, no entregar el servicio conforme a los estándares definidos, por fallos en el desempeño del personal o los procesos; y la brecha 4, prometer en la comunicación externa más de lo que se entrega.

La virtud diagnóstica del modelo es que convierte un síntoma, el cliente insatisfecho, en una cadena de causas internas accionables, lo que sitúa la responsabilidad de la calidad en la gestión y no en el azar del encuentro. Por esta razón, el modelo de las brechas sigue siendo la herramienta más enseñada para auditar la calidad del servicio, ya que permite localizar el vacío específico que origina la insatisfacción y dirigir la intervención correctiva al punto preciso de la cadena.

16.4.4 Expectativas vs. percepciones

El paradigma de la disconfirmación establece que la satisfacción y la calidad percibida resultan de comparar lo recibido con un estándar de comparación previo. La sofisticación posterior del modelo distinguió varios niveles de expectativa: el servicio deseado, lo que el cliente espera idealmente; el servicio adecuado, el mínimo que aceptará; y, entre ambos, la zona de tolerancia, dentro de la cual las variaciones del desempeño pasan desapercibidas.

Esta zona explica por qué la misma prestación puede satisfacer o decepcionar según las expectativas con que el cliente llega, y por qué la gestión de expectativas, no inflarlas en la comunicación externa, resulta tan determinante de la calidad percibida como la prestación misma. La implicación gerencial es paradójica pero robusta: sobreprometer destruye calidad incluso cuando el desempeño no empeora, de modo que el control de la promesa externa es una palanca de calidad tan legítima como la mejora operativa.


16.5 Diseño del servicio

Si el proceso es el producto en los servicios, entonces diseñar el proceso es diseñar el producto. El diseño del servicio aporta métodos para concebir, visualizar y mejorar la experiencia y la operación del servicio antes y durante su prestación, y traslada al ámbito de los servicios el rigor que el diseño de productos aplica a los bienes.

16.5.1 Blueprint del servicio

El plano del servicio, o blueprint, es una técnica de representación visual introducida por G. Lynn Shostack en su artículo «Designing services that deliver», publicado en la Harvard Business Review en 1984. El plano mapea el proceso completo del servicio en el tiempo y distingue las acciones del cliente, las acciones visibles del personal de contacto (el escenario o front stage), las acciones invisibles de soporte (la trastienda o back stage) y los procesos de apoyo, separados por líneas: la línea de interacción, la línea de visibilidad, que separa lo que el cliente ve de lo que no, y la línea de interacción interna.

Su valor, según Shostack (1984), consiste en someter el desarrollo del servicio a análisis y control rigurosos en lugar de dejarlo al talento idiosincrásico: el plano permite anticipar puntos de fallo, estandarizar pasos críticos y descubrir oportunidades de mejora antes de que los problemas ocurran. Esta capacidad de diagnóstico anticipado es lo que distingue al plano de una simple descripción del proceso, pues lo convierte en un instrumento de prevención y no solo de documentación.

16.5.2 Service safari

El service safari es una técnica etnográfica de diseño en la que el investigador, o el propio equipo, experimenta servicios, los propios, los de competidores o los de sectores ajenos, como si fuera un cliente, y documenta la experiencia para extraer aprendizajes. Su valor reside en generar empatía directa con el cliente y en revelar fricciones y aciertos que el análisis interno no detecta, porque obliga a recorrer el servicio desde la perspectiva de quien lo recibe. Es una herramienta de la fase exploratoria del diseño, complementaria de métodos más estructurados como el plano del servicio.

16.5.3 Service design thinking

El service design thinking aplica los principios del pensamiento de diseño a la concepción de servicios e integra una orientación centrada en el usuario, la cocreación con los actores implicados, la visualización de lo intangible mediante artefactos como mapas y planos, la secuenciación del servicio como una serie de momentos interrelacionados, la atención a la evidencia física y una visión holística del sistema de servicio. Su contribución metodológica es ordenar el proceso de diseño en fases iterativas, exploración, creación, reflexión e implementación, y dotarlo de herramientas que vuelven manejable la naturaleza intangible y procesual del servicio. Frente al plano, que es una herramienta concreta, el service design thinking es un marco que orquesta múltiples herramientas en un proceso coherente.

16.5.4 Servicescape (Bitner)

El servicescape es el constructo, desarrollado por Mary Jo Bitner en «Servicescapes: The impact of physical surroundings on customers and employees», publicado en el Journal of Marketing en 1992, que conceptualiza el efecto del entorno físico construido sobre el comportamiento de clientes y empleados en el encuentro de servicio. Bitner (1992) organizó las dimensiones ambientales, condiciones del ambiente como temperatura, ruido, música y olor, distribución del espacio y funcionalidad, y signos, símbolos y artefactos, y modeló cómo estas, a través de respuestas internas cognitivas, emocionales y fisiológicas, producen comportamientos de aproximación o de evitación.

El servicescape cumple funciones de marketing precisas: moldea la experiencia y el comportamiento del cliente, señaliza la calidad y el posicionamiento, diferencia la marca y facilita el encuentro. Es la formalización teórica de la P de evidencia física, y su valor radica en transformar lo que con frecuencia se gestiona por intuición, la ambientación del espacio, en un conjunto de decisiones de diseño con efectos comportamentales previsibles.


16.6 Encuentro de servicio

El encuentro de servicio es el periodo durante el cual el cliente interactúa directamente con el servicio; es el momento en que la calidad se produce y se percibe, y donde el marketing interactivo se materializa. La gestión del encuentro es, por ello, la gestión de la calidad en su punto de generación.

16.6.1 Momentos de la verdad

La expresión «momento de la verdad» fue popularizada por Jan Carlzon, presidente de la aerolínea SAS, en su libro Moments of truth (1987), donde la usó para designar cada instante en que un cliente entra en contacto con cualquier aspecto de la empresa y se forma una impresión de su calidad. Carlzon (1987) calculó que SAS afrontaba millones de estos momentos al año, cada uno de unos pocos segundos, y argumentó que la calidad de la empresa se decide en ellos y no en las oficinas directivas.

De ahí extrajo su tesis de gestión: invertir la pirámide organizacional para poner los recursos y la autoridad al servicio del personal de contacto, que es quien protagoniza los momentos de la verdad. El concepto convirtió la suma de microinteracciones en el objeto central de la gestión del servicio, y su influencia perdura en la idea de que la estrategia de servicio se gana o se pierde en los segundos de contacto, no en los documentos de planificación.

16.6.2 Empoderamiento del personal

El empoderamiento (empowerment) consiste en conferir al personal de contacto la autoridad, la información y los recursos para tomar decisiones y resolver problemas en el momento del encuentro, sin recurrir a una cadena de autorizaciones. Su justificación deriva directamente de la naturaleza del encuentro: dado que los momentos de la verdad son inmediatos, irrepetibles y muchas veces imprevisibles, un empleado que debe pedir permiso para actuar llega tarde.

El empoderamiento mejora la capacidad de respuesta y la recuperación del servicio, y eleva la motivación del personal, aunque exige una contrapartida de selección y formación cuidadosas, pues delegar autoridad en personal no preparado incrementa la variabilidad en lugar de reducirla. El empoderamiento, en consecuencia, no es una concesión sino una decisión de diseño organizativo que solo rinde cuando se acompaña de las competencias que lo vuelven seguro.

16.6.3 Gestión de fallas (recovery)

La recuperación del servicio (service recovery) es el conjunto de acciones que la empresa emprende para responder a una falla del servicio. Su importancia es estructural: como argumentaron Hart, Heskett y Sasser (1990), en los servicios, prestados a menudo en presencia del cliente, las fallas son inevitables, de modo que la capacidad de recuperación distingue a las empresas excelentes.

La literatura documentó un fenómeno notable, la paradoja de la recuperación del servicio, acuñada por McCollough y Bharadwaj (1992): bajo ciertas condiciones, un cliente cuya falla ha sido resuelta de forma sobresaliente puede quedar más satisfecho que si la falla nunca hubiera ocurrido. La paradoja debe interpretarse con cautela, pues la evidencia empírica posterior es mixta y sugiere que solo emerge cuando la falla es leve y la recuperación excepcional; no constituye, por tanto, una licencia para fallar de forma deliberada, sino un argumento para invertir en sistemas de recuperación robustos que conviertan los errores inevitables en oportunidades de fortalecer la relación.


16.7 Marketing interno

El marketing interno parte de una premisa simple y consecuente: si los empleados de contacto producen el servicio y encarnan la marca ante el cliente, entonces la empresa debe «venderles» el servicio y tratarlos con el mismo cuidado con que trata a sus clientes externos. Es el vértice del triángulo que habilita la promesa.

16.7.1 Cultura orientada al servicio

Una cultura orientada al servicio es el conjunto de valores, normas y supuestos compartidos que sitúan la calidad del servicio al cliente en el centro de las prioridades de la organización. Su relevancia deriva de que ningún sistema de control puede supervisar la totalidad de los momentos de la verdad; lo que orienta el comportamiento del personal en el encuentro, cuando nadie observa, es la cultura interiorizada.

La cadena que conecta el servicio con el beneficio, formulada por Heskett, Jones, Loveman, Sasser y Schlesinger (1994), articuló este nexo: la calidad del servicio interno genera satisfacción y lealtad de los empleados, que producen valor para el cliente, cuya satisfacción y lealtad generan finalmente crecimiento y rentabilidad. La cultura de servicio es el punto de partida de esa cadena, y su gestión explica por qué las empresas de servicios excelentes invierten en su clima interno con la misma seriedad con que invierten en su propuesta de mercado.

16.7.2 Empleados como clientes internos

La metáfora del empleado como cliente interno, formulada tempranamente por Leonard Berry (1981) en su trabajo «The employee as customer», propone concebir los puestos de trabajo como «productos» que la empresa debe diseñar para satisfacer las necesidades de los empleados, bajo la premisa de que solo empleados satisfechos prestarán un servicio que satisfaga a los clientes externos. De esta analogía se derivan prácticas concretas: investigar las necesidades del personal, segmentar la fuerza laboral, comunicar internamente la estrategia de servicio y medir la satisfacción del empleado como se mide la del cliente.

La crítica a la metáfora advierte que el empleado no es solo un cliente sino también un productor con obligaciones, por lo que la analogía ilumina pero no agota la relación laboral. Su valor reside en orientar la atención de la dirección hacia la experiencia del empleado como antecedente de la del cliente, sin pretender sustituir el marco más amplio de la gestión de personas.

16.7.3 Engagement laboral

El compromiso, o engagement laboral, cuyo fundamento conceptual se remonta al trabajo de Kahn (1990) sobre las condiciones psicológicas del compromiso personal en el trabajo, designa el estado en que los empleados invierten energía física, cognitiva y emocional en el desempeño de sus roles. En los servicios, el compromiso resulta especialmente consecuente porque el estado emocional del empleado se transmite al cliente en el encuentro, fenómeno del contagio emocional, de modo que un empleado comprometido no solo trabaja más sino que produce mejores percepciones de calidad.

El compromiso es, en este sentido, un activo de marketing además de un indicador de recursos humanos, y constituye un eslabón explícito de la cadena que une el servicio con el beneficio. Gestionarlo, por tanto, no es una preocupación ajena al marketing sino una de sus condiciones de posibilidad en las empresas de servicios.

16.7.4 Employer branding

La marca empleadora (employer branding), concepto introducido por Ambler y Barrow (1996), traslada la lógica de la gestión de marca al ámbito laboral: es el conjunto de beneficios funcionales, económicos y psicológicos que una organización ofrece como lugar de trabajo y por los que es identificada como empleadora. En el marketing de servicios su importancia es doble. Hacia afuera, una marca empleadora fuerte atrae y retiene al talento de contacto del que depende la calidad. Hacia adentro, alinea la promesa externa de la marca con la experiencia del empleado, lo que evita la disonancia entre lo que la empresa promete al mercado y lo que vive quien debe cumplir esa promesa.

La marca empleadora cierra así el círculo entre marketing interno y externo, pues una promesa de marca solo es creíble cuando quienes la encarnan la viven como propia. Esta perspectiva conecta con la gestión de marca desarrollada en el Tema 10, donde la coherencia entre identidad e imagen ocupa un lugar central.


16.8 Sectores de servicios

Aunque los principios del marketing de servicios son transversales, su aplicación varía según las particularidades de cada sector. La variación principal reside en la combinación de atributos de búsqueda, experiencia y credibilidad de cada servicio, en el grado de contacto e implicación del cliente, y en el marco regulatorio.

16.8.1 Servicios profesionales

Los servicios profesionales, como la consultoría, la abogacía, la auditoría, la arquitectura y la medicina especializada, se caracterizan por un alto contenido de atributos de credibilidad: el cliente, por su asimetría de conocimiento respecto al experto, no puede evaluar la calidad técnica ni siquiera tras recibir el servicio. Esto desplaza el peso de la decisión hacia señales indirectas, como la reputación, las credenciales, las referencias y la relación personal, y otorga centralidad a la confianza y a la marca personal del profesional. El marketing de servicios profesionales debe equilibrar, además, las normas deontológicas que en muchas profesiones restringen la publicidad, lo que convierte la reputación construida con el tiempo en el activo comercial más valioso.

16.8.2 Servicios financieros

Los servicios financieros, como la banca, los seguros y la gestión de inversiones, combinan intangibilidad extrema, alto contenido de credibilidad, fuerte regulación y una relación típicamente de largo plazo con el cliente. Su marketing afronta el reto de tangibilizar productos abstractos, de generar y mantener la confianza tras crisis reputacionales recurrentes en el sector, y de gestionar el riesgo percibido en decisiones de alta implicación. La digitalización y la irrupción de la tecnología financiera han reconfigurado profundamente la distribución y la experiencia en este sector, al desplazar buena parte del encuentro hacia interfaces digitales sin eliminar la necesidad de confianza que define la relación.

16.8.3 Salud

Los servicios de salud presentan la combinación más exigente de características: credibilidad dominante, alta implicación emocional, asimetría de información acentuada, copresencia de múltiples actores como el paciente, la familia, los profesionales y las aseguradoras, y un componente ético que subordina la lógica comercial al bienestar del paciente. El marketing en salud opera bajo restricciones regulatorias estrictas y debe gestionar con especial cuidado las expectativas, dada la imposibilidad de garantizar resultados clínicos. La experiencia del paciente, el servicescape hospitalario y la comunicación empática son palancas centrales de la calidad percibida, en un terreno donde la dimensión funcional del trato puede pesar tanto como la competencia técnica.

16.8.4 Educación

Los servicios educativos se distinguen por la coproducción intensa, ya que el resultado depende tanto del esfuerzo del estudiante como del proveedor, por un horizonte de valor que se materializa a largo plazo y resulta difícil de atribuir, y por la dualidad del estudiante como cliente y como «producto» en formación. El marketing educativo gestiona expectativas sobre resultados inciertos, construye marca institucional sobre la reputación y la trayectoria, y debe atender a múltiples públicos, como los estudiantes, las familias, los empleadores y la sociedad. La tensión entre la lógica de mercado y la misión educativa es un debate ético recurrente en el sector, que ningún enfoque de marketing puede resolver por completo sin tomar posición sobre la finalidad de la educación.

16.8.5 Hospitalidad y turismo

La hospitalidad y el turismo son el sector emblemático del marketing de servicios, donde la experiencia es de forma explícita el producto. Se caracterizan por una caducidad aguda, pues la habitación o el asiento no vendidos se pierden, por la centralidad del servicescape y del encuentro, por la fuerte estacionalidad de la demanda y por la copresencia de clientes que comparten la experiencia. Es el sector donde la gestión de rendimiento, el diseño de la experiencia y la gestión de la reputación en línea alcanzan su máxima sofisticación, y donde las plataformas de reseñas han transformado la dinámica de elección del cliente, al trasladar parte del control de la reputación desde la empresa hacia la comunidad de usuarios.

16.8.6 Transporte

Los servicios de transporte, aéreo, ferroviario, marítimo y urbano, combinan caducidad extrema, capacidad fija e intensiva en capital, fuerte regulación y una experiencia que el cliente evalúa tanto por el resultado funcional, llegar, como por el proceso, esto es, la puntualidad, la comodidad y el trato. Fue en el transporte aéreo donde nacieron tanto la gestión de rendimiento como la noción de momentos de la verdad de Carlzon (1987). La gestión de la fiabilidad, cumplir horarios y compromisos, es la dimensión de calidad dominante, y la recuperación del servicio ante incidencias, como retrasos y cancelaciones, constituye una competencia crítica que define la percepción del cliente en los momentos de mayor tensión.

16.8.7 Telecomunicaciones

Los servicios de telecomunicaciones se caracterizan por una relación contractual de ingreso recurrente, por una infraestructura intensiva en capital, por la conversión progresiva de la conectividad en un producto indiferenciado y por tasas de abandono que convierten la retención en la prioridad estratégica. Su marketing se apoya intensamente en la gestión de relaciones con clientes, los programas de lealtad y la analítica predictiva del abandono, materias desarrolladas en los temas 14 y 15, y afronta el reto reputacional de un sector donde la experiencia de servicio al cliente y la facturación son fuentes habituales de insatisfacción. La calidad técnica, como la cobertura y la velocidad, y la calidad funcional, como la atención y la facilidad de uso, se disputan el peso en la percepción del cliente, sin que la excelencia en una compense las deficiencias en la otra.


Actualizaciones recientes

La estructura del tema conserva su validez, pero tres desarrollos posteriores a la consolidación de la disciplina merecen incorporarse.

La crítica a las características IHIP y la lógica dominante del servicio. El marco IHIP que funda el apartado 16.1 ha sido cuestionado de forma sustantiva. Lovelock y Gummesson (2004) argumentaron que muchos servicios contemporáneos no exhiben todas las propiedades clásicas, pues los servicios digitales pueden almacenarse, estandarizarse y separarse de su producción, y que el criterio distintivo más robusto es la ausencia de transferencia de propiedad, ya que el servicio se renta, no se posee. De modo más radical, Vargo y Lusch (2004) propusieron la lógica dominante del servicio (service-dominant logic), según la cual el servicio, entendido como la aplicación de competencias en beneficio de otro, es la base de todo intercambio económico, y los bienes son meros vehículos de prestación de servicio. Esta perspectiva disuelve la dicotomía entre bien y servicio que organizaba la disciplina y desplaza el foco hacia la cocreación de valor con el cliente.

La digitalización y el autoservicio tecnológico. La irrupción de canales digitales, aplicaciones, asistentes conversacionales y tecnologías de autoservicio ha transformado el encuentro de servicio: muchos momentos de la verdad ya no ocurren entre dos personas sino entre el cliente y una interfaz. Esto reconfigura el servicescape, que se extiende hacia un «servicescape digital», redefine el rol del personal de contacto y plantea nuevas dimensiones de calidad, como la usabilidad, la disponibilidad y la privacidad, no contempladas en el SERVQUAL original, lo que ha motivado escalas adaptadas a la calidad del servicio electrónico.

La maduración del diseño de servicios como disciplina. El diseño de servicios (service design) ha pasado de ser un conjunto de técnicas a constituir una disciplina profesional consolidada, con metodologías, roles y áreas dedicadas en las organizaciones. La integración del diseño de servicios con la gestión de la experiencia del cliente y con la analítica de datos ha vuelto el diseño del servicio un proceso continuo y basado en evidencia, más que un ejercicio puntual de concepción.


Referencias

Ambler, T., & Barrow, S. (1996). The employer brand. Journal of Brand Management, 4(3), 185-206. https://doi.org/10.1057/bm.1996.42

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Zeithaml, V. A., Bitner, M. J., & Gremler, D. D. (2018). Services marketing: Integrating customer focus across the firm (7.ª ed.). McGraw-Hill Education.

Zeithaml, V. A., Parasuraman, A., & Berry, L. L. (1985). Problems and strategies in services marketing. Journal of Marketing, 49(2), 33-46. https://doi.org/10.2307/1251563


Lecturas complementarias sugeridas

  1. Lovelock, C., & Wirtz, J. (2016). Services marketing: People, technology, strategy (8.ª ed.). World Scientific. Manual de referencia internacional, con tratamiento exhaustivo de la mezcla ampliada, la gestión de la capacidad y la demanda, y la calidad del servicio; complemento natural de todo el tema.

  2. Grönroos, C. (2015). Service management and marketing: Managing the service profit logic (4.ª ed.). Wiley. Exposición de la Escuela Nórdica de marketing de servicios, con su distinción entre calidad técnica y funcional y el marketing relacional como marco; perspectiva alternativa y crítica a la tradición norteamericana de SERVQUAL.

  3. Stickdorn, M., Hormess, M. E., Lawrence, A., & Schneider, J. (2018). This is service design doing: Applying service design thinking in the real world. O'Reilly. Manual práctico y actualizado de diseño de servicios, con métodos detallados, como el plano del servicio, el mapeo del recorrido y la investigación, que profundizan el apartado 16.5.

  4. Cronin, J. J., & Taylor, S. A. (1992). Measuring service quality: A reexamination and extension. Journal of Marketing, 56(3), 55-68. Artículo seminal que propone la escala SERVPERF y critica el enfoque de diferencias de SERVQUAL; lectura imprescindible para discutir de forma crítica la medición de la calidad tratada en el apartado 16.4.

  5. Bitner, M. J., Booms, B. H., & Tetreault, M. S. (1990). The service encounter: Diagnosing favorable and unfavorable incidents. Journal of Marketing, 54(1), 71-84. Estudio fundacional sobre los incidentes críticos en el encuentro de servicio, base empírica de buena parte de lo expuesto en el apartado 16.6.